
Laporta está triste. ¿Qué tendrá Laporta?.
Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La verdad es que el pobre Joan está que no gana para disgustos...
Después del Tamudazo en el Nou Camp del pasado 9 de junio, todos los espectadores vimos como un sudor frío recorría el cada vez más rechoncho rostro de un President culé que minutos antes lucía una sonrisa tan amplia que parecía tener el móvil vibrando cerca del bolsillo de su elegante traje.

A mi, para que negarlo, me dio la risa. Me dio la risa igual que cuando vi marcar el gol de Diarra con la ayuda del famoso culo de Capello, está vez encarnado en el idem de un jugador del Mallorca que ha perdido una familiar esta semana. Al menos es lo que me pareció entender cuando escuche que se había quedado sin prima. Pobrecilla, descanse en paz.
Soy un morboso, lo reconozco, pero la verdad es que en el mismo instante en que el malinés marcó ese salvador gol con la nuca, rápidamente intente zapear para ver si pillaba la reacción de ese orondo Presidente que pide a los jugadores de las categorías inferiores del club que desechen el castellano en pos del siempre útil catalán.
La verdad es que mi gozo acabó en un profundísimo pozo, ya que por más que esperé no vi ningún plano que satisficiera mi enferma necesidad. De hecho, tanto esperé, que casi me pierdo el gol de Reyes que significó la catarsis blanca.

Pero la verdad es que entiendo a Laporta (soy del Rayo Vallecano, por lo que he sufrido más que nadie en esto del balón redondo) y supongo que hoy tendrá uno de esos días en los que no le apetecerá ni levantarse de la cama -y no precisamente porque su flexibilidad y enorme barriga se lo impida- y menos aún ver o escuchar absolutamente la redio y televisión.
Aunque supongo que otros estarán de mejor humor, ya que por mucho que se intente ocultar, hay cosas que saltan a la vista ¿verdad Samuel?.



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